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Entrevista con el escritor y cantautor argentino Luis Pescetti, invitado en la Feria del Libro de Miami

By Spanish Classroom 1112 Views Leave a comment Go to comments
Nov 28
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El conocido escritor y cantautor argentino Luis Pescetti participará en el III Seminario de Literatura Infantil y Lectura, organizado por la Fundación Cuatrogatos y la Feria del Libro de Miami, que lugar el próximo sábado 19 de noviembre de 2016. Con motivo de su visita a nuestra ciudad –que será posible gracias a la colaboración de Santillana USA Publishing–, enviamos al autor de Frin, Natacha, El pulpo está crudo y otros exitosos libros un cuestionario para conocer más sobre su trayectoria y su obra. He aquí las respuestas de Pescetti:
 
¿Cómo te iniciaste en la creación artística para niños? ¿Quién surgió primero: el Pescetti compositor musical o el Pescetti autor literario?
 
A los 10 años escribí un poema que mi maestra no creyó que lo hubiera hecho sin ayuda. Su incredulidad me sorprendió, y con la adolescencia empecé con la guitarra. Pero tu pregunta es profesional, y en eso fue como maestro de música en escuelas. En parte los niños me traían letras o proponían canciones y en parte yo quería hacerlos reír. También pasaba que tenían cinco años y me decían que las canciones del repertorio normal de los kínder “eran para niños muy chiquitos” (!). Y empecé a componer otras.A la vez, como lector, me fascinaba algo y se los narraba en clase. O sea, que nacieron casi juntos. La poesía me hizo querer ser escritor, y la guitarra fue mi primer acercamiento al público, que no tenía pues mis poemas no los mostraba. Son dos situaciones muy diferentes. Escribir, por lo menos hasta antes de las redes, era de una gran intimidad. Cantar siempre fue una proyección, un altavoz. Escribir es ordenar mis emociones y experiencias, componer es como un rayo, algo asertivo, inmediato, más parecido al poema; pero más obligado porque viene con música. Generalmente “llegan” dos versos con su música. La escritura no, es más emocional y sin palabras, así nace hasta mi prosa. Es un sentimiento, un segundo sabor de la experiencia cotidiana, más por debajo, delicado. Si me apuro lo pierdo, si me engancho demasiado en wapps y redes, lo pierdo. Me la paso cerrando ventanas, para oír algo tan mínimo, pero caudaloso.
 
¿Cuáles fueron tus paradigmas o referentes en esa etapa inicial?
 
Darío Fo, Fontanarrosa (de Argentina), Woody Allen (hace mucho), Italo Calvino. Quería tener su humor, su libertad. Luego llegaron Borges, Cortázar y Bryce Echenique. En la canción, muy al comienzo: Serrat, Paco Ibáñez, los romanceros españoles, musicalizar poemas y poetas. Luego Chico Buarque, luego la canción tradicional italiana o la irlandesa, y de la mano la canción folk de Estados Unidos. Canciones en las que se cuentan historias de vida, momentos mínimos, que son como crónicas de personajes y hechos, casi noticias. Y hoy día, para componer canciones buceo en el folk irlandés, norteamericano e italiano, sobre todo por las letras, por el narrador que construyen. En lo musical: más bluseras.
 
Tu obra literaria es amplia. Supongamos que alguien desea acercarse a ella por primera vez y te pide que le recomiendes algunos títulos. ¿Cuáles mencionarías y por qué?
 
Según la edad y la pena, por así decirlo (pena en el sentido de penar, tristeza). Frin es una historia de amor de dos niños de unos 10 años, y la amistad a esa edad. Natacha es un personaje disparatado, contestatario, pero de familia noble, papás jóvenes, hogar querible y, otra vez, la amistad a los siete años. Nadie te creería, El pulpo está crudo y Unidos contra Drácula fueron concebidos como almacenes de campo. De esos que existían y en los que podías buscar azúcar, un repuesto para el auto, un juguete para tu hijo, ropa para la mujer, galletas… De todo, para todas las edades y todos los momentos. Caóticos y provistos, por si no sabes que te pasaba algo.
 
Cartas al Rey de la Cabina es una melancólica historia de amor, tan dulce como triste, si no es día de lluvia es como para hacer que llueva. Es el primer amor maduro. Historias de los señores Moc y Poc es para los que los agobia tanta emocionalidad, pura filosofía (lógica) y humor.
De modo que ahí está: pase y sírvase. Sienta un momento qué está pasando y tómelo con confianza.
 
Humor, absurdo, juego con las palabras son ingredientes importantes en tu quehacer literario. ¿De dónde proviene tu gusto por ellos?
 
De verdad no lo sé. Al principio quise “entrenar” mi creatividad y me mataba con los ejercicios de Gramática de la fantasía de Gianni Rodari; pero quizás haya algo del humor, muy verbal, discursivo, propio de Argentina o, más bien: rioplatense. Fontanarrosa decía algo muy irónico: que en la división internacional del trabajo, a los argentinos nos tocó hacer reír.
 
Pero yendo más profundamente descubrí que tengo una relación con las palabras como si fueran objetos, físicamente tangibles casi. Te lo voy a decir peor aún: yo veo cómo mi imaginación toca y siente las palabras. Pero no creo que eso sea una cualidad mía. Eso lo hacemos todas las personas. Quizás en una edad muy temprana dónde lo simbólico todavía no despegó como tal, y en la estantería de nuestra mente están uno al lado del otro: un juguete, la palabra barco, nuestra madre, la palabra “ven”, nuestro hermano, una bicicleta… todos yuxtapuestos, y en el mismo estante. Sin diferenciar lo que es objeto de lo que es símbolo. Y no sé si por falta de maduración y que me sacaron antes del horno, o por arte y oficio de escribir: me quedó el recuerdo de esa deliciosa y fructífera etapa.
 
De modo que si ves jugar a un niño pequeño, ves que con los objetos intenta las combinaciones más extravagantes… ¡que para él no lo son! Pues desconoce el funcionamiento de cada uno. Un niño toca para que ocurra algo. Y en esa prueba va descubriendo (y rompiendo).
Eso que luego se llama absurdo, en un momento es: desconocimiento de la narrativa de una palabra o un objeto. Cada objeto tiene su función y su línea de tiempo. Tú le quitas eso y tienes un juego infantil. Ejemplo: tienes un carro. Su función es transportarte, y su línea de tiempo es: abres la puerta, colocas la llave de encendido, enciendes las luces, pones la palanca en drive o en su cambio y arrancas… y te llevas puesto el portón de tu casa. Broma aparte: si repasas, cada objeto tiene eso: su función, y una línea de tiempo para su uso. Cuando niños no es que exploramos: buscamos afanosamente eso, que el adulto conoce.
 
Toda esta explicación para decirte que sea por inmadurez o porque hice virtud de ella, conservo esa relación con las palabras. No lo vivo como absurdo ni como lucimiento que pretende deslumbrar con lo disruptivo. Es lo otro que conté.
 
Natacha y Frin
 
Entre tus personajes, sin duda los más populares son Frin y Natacha, a los que has dedicado sendas series narrativas. Sobre ellos nos gustaría saber:
a) ¿Cómo nacieron: te inspiraste en alguien en particular para crearlos?
b) ¿Qué tienen en común Frin y Natacha; en qué se diferencian?
c) ¿Qué te han aportado, como escritor, cada uno de ellos?
 
Son dos registros muy distintos. Frin es un varón con su mundo masculino y sus preguntas y descubrimientos giran en torno a eso. Natacha una niña de siete años, se quiere hacer su lugar y no acepta reglas previas.
 
Frin surgió literalmente de una primera frase de un cuento que escribí para la radio, en México: “Frin odiaba el deporte, esas estúpidas clases de educación física”. Ya lo que sigue es desarrollar un personaje coherente con eso, creíble, y que no sea un bobo, ni objeto de bullying. Su fortaleza es otra, es un héroe de otra cosa: de no traicionarse a sí mismo. O de encontrar su valor, a pesar de no ser el paradigma de varón de 10 años (que le gusta el fútbol, las carreras de autos, etc.), y su debilidad es su fortaleza y su búsqueda quizás nació en la mía propia. Un largo camino. Yo digo en broma y en serio: que nací a 100 kilómetros de la largada. Porque nací en lo que entonces era un pueblo campesino del interior de Argentina, y no tenía escritores, ni comediantes; porque yo mismo tardé en descubrir mi vocación, y empecé con ella muy tardíamente: sobre los 30 años. Una locura.
 
Como escritor me han aportado oficio. Un constante juego de equilibrios entre los personajes, entre la historia y los niños a los que se dirige. Delicadísimo juego de equilibrio. Como persona, el alivio, la felicidad y la risa de encontrar palabras para lo mucho que me había pasado. Y más: que los niños lo lean en escuelas, que me escriban, que se sientan identificados. Un regalo constante.
 
Natacha y Frin se parecen en un mundo ético, íntegro, en padres que los quieren, en amistades tremendamente sólidas, y en la necesidad de hablar o encontrar palabras y contar.
 
¿Qué importancia concedes a las ilustraciones de tus libros?
 
No soy ilustrador, y mi obra es fundamentalmente narrativa y poética. Apenas hice algo para niños primeros lectores, de modo que con los ilustradores trato de que hagan una suerte de camino paralelo, que no sea una mera visualización de la escena, sino que dé otra dimensión.
 
¿Qué vínculos o conexiones existen entre tu trabajo musical y tu trabajo en los libros?
 
Fíjate que, cuando subo a un escenario, traslado el aliento más profundo de la reflexión y la conexión que se tiene escribiendo. Si bien hago un show y tiene su ritmo y no puedo dejar un segundo que se me escurra entre los dedos, yo sé que la gente busca otra cosa, y eso lo aprendí con la escritura: hablar a un trasfondo que es como un segundo sabor. Y cuando me siento a escribir traslado el timing del escenario: por más que nadie me apure yo siento que no quiero perderlos, que si me cuelgo con algo… ¡se irán! Y eso lo aprendí con el escenario. Yo no me subo ahí para que me vean, es otra cosa.
 
En libros como Historias de los señores Moc y Poc, Cartas al Rey de la Cabina y Unidos contra Drácula pareces dirigirte a un lector juvenil. ¿Qué distingue a estas obras y qué retos ha trajo consigo su creación?
 
A un lector juvenil e incluso a uno adulto. Cambia lo que hayas vivido, ahí resuena cada historia. Y en algunos casos: solo habla a quienes vivieron eso, y los niños la descartarán y seguirán en otra página. Sin embargo, pasa que los adultos leen algo, y algo que vivieron hace muchos años, décadas, o que deberían haber vivido y se emocionan, sea porque estuvo o porque debería haber estado. El lirismo es más cercano en lo infantil, para mí, en la vida adulta es muy muy fácil escribir con escepticismo, y el desafío es ser un adulto, pleno, con toda la potencia y el cansancio de la vida adulta, con la plenitud, y tan sediento de lirismo como siempre.
 
¿Cómo ves la literatura infantil y juvenil actual de Argentina? ¿Cómo se inserta tu producción literaria dentro de ese conjunto?
 
No tengo una buena respuesta para eso.
 
¿Cómo definirías a Luis María Pescetti?
 
Para esta tampoco debería tenerla. O, por lo menos, quedaría mejor que finja no tenerla. Sin embargo, algo puedo decir, al menos lo que se puede decir públicamente, sin caer en “confesiones innecesarias”. Ahora, en estos días, te diría que he logrado un delicioso equilibrio: entre ser un buen papá, y seguir con mi vida artística, en tener una linda pareja y buena mamá para mis hijos, y que Magdalena sea ella misma una artista. Entre ser artista independiente, con toda la lata de lo que hay que gerenciar y leer contratos y llevar adelante… y escribir poemas y cuentos. También entre ser comediante y cantautor. Y entre venir del pueblo y aspirar al mundo.
Posted in: Books and Authors
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