¡Cuando supe que había sido seleccionada para participar en la Ruta Quetzal no me lo podía creer! Había sido un proceso largo que comenzó con la entrega de un proyecto en el que ofrecía sugerencias para soluciones ambientales y, posteriormente, una entrevista. No hace falta decir cuán emocionada estaba después de recibir tan agradable noticia. Comencé a empacar y media hora después ya estaba lista para salir de viaje.

Para aquellos de ustedes que no tienen idea del por qué de mi emoción, les voy a contar un poco la historia de la Ruta Quetzal. En 1979, Miguel de la Quadra-Salcedo le propuso al rey Juan Carlos I de España una idea concebida para un grupo de adolescentes de España, América Latina y otros países de Europa y Asia. Estos estudiantes, provenientes de más de 50 países, tendrían la oportunidad de hacer un viaje que promovería el intercambio de idiomas, la historia y la cultura. El rey pensó que era una gran idea y ese mismo año, comenzaron estas largas expediciones.

Yo participé en la XXVII edición de la Ruta, “La Real Expedición Botánica del Nuevo Reyno de Granada”, junto a 224 estudiantes procedentes de 54 países. Nuestro objetivo era seguir la estela de José Celestino Mutis, que impulsó la Real Expedición Botánica del Nuevo Reyno de Granada, llevada a cabo entre 1783 y 1816. La expedición propició avances en la minería e importantes progresos en el conocimiento de la fauna y la flora colombiana.

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Inicialmente nos reunimos en Madrid y de allí viajamos a Cali, Colombia. Acampamos en el Parque Nacional Natural Farallones de Cali, en la Cordillera Occidental de los Andes. En este parque vimos muchas de las flores y plantas descritas en la Real Expedición Botánica del Nuevo Reyno de Granada. Visitamos el Museo de Ciencias Naturales de Cali, la Hacienda El Paraíso y el Museo de la Caña de Azúcar en Piedechinche. También visitamos el Parque Nacional del Café y el Valle de la Cocora. Entre las cosas que más me gustaron estuvo al visita a la ciudad de Ambalema y navegar por el río Magdalena.

Esta expedición ha sido una experiencia inolvidable. Conocí a personas maravillosas que hicieron que el cansancio y las largas caminatas fueran una fiesta. Espero seguir en contacto con todos mis nuevos amigos y no olvidar nunca los lugares tan lindos que visité.