Mi hermano y yo nos hemos anotado para una clase de cocina, o al menos eso era lo que yo creía. Cuando llegamos a la primera clase el profesor comenzó a hablar de cómo los pueblos antiguos, que carecían de la ayuda de la ciencia que tenemos hoy en día, a menudo buscaban explicaciones a los fenómenos naturales, los cambios climáticos, las estaciones, e incluso los alimentos que comían. Y para que entendiéramos mejor, nos contó la leyenda boliviana sobre las propiedades mágicas de la papa.

 papa

Dicen que los Sapallas eran un pueblo pacífico y próspero que fue invadido por los Karis. Los Sapallas fueron esclavizados y reducidos a la miseria hasta que Choque, un joven descendiente del último cacique Sapalla se negó a seguir las órdenes del jefe de los Karis y pidió ayuda al padre de los dioses, Pachacamac. El dios escuchó las súplicas del joven Choque y le entregó unas semillas de una planta desconocida para los hombres de la época. Pachacamac le dijo a Choque que plantara las semillas y que comiera sus raíces, advirtiéndole que  nunca tocara los brotes, las flores o las hojas, porque estos eran venenosos. Los Sapallas hicieron lo que les dijo Pachacamac; sin embargo, los Karis descubrieron las nuevas plantaciones y les quitaron a los Sapallas todos los productos que se obtenían de las plantas. Los Karis comieron los brotes, las flores y las hojas, sin tocar las raíces, y se enfermaron. Estando los Karis enfermos, los Sapallas pudieron enfrentarlos y recuperar sus tierras. Desde entonces, la planta que Pachacamac le entregó a Choque es consideraba un regalo divino y fue nombrada, papa, en honor al padre de los dioses.

En esta clase aprendí a preparar las papas de diferentes formas. Además, me fui contento a casa porque recordar las historias de los ancestros es una forma de honrar y venerar las raíces y la historia de los pueblos. ¿Quién quiere probar mi tortilla de papas? ¡Es mágica!